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Ecuador: Microcréditos para una juventud emprendedora

Ecuador ha experimentado un importante crecimiento económico en los últimos años, lo que ha conllevado una reducción significativa de la tasa de pobreza en el país estimándose en un 24% en 2013.
Ahora bien, con una población de más de 15 millones de habitantes, las oportunidades laborales son muy distintas entre el área urbana y rural. En un país en pleno desarrollo, la decisión de abandonar el campo para buscar un trabajo en la ciudad ha llevado a buena parte de la población a asentarse en grandes cinturones a las afueras de las urbes donde, a menudo, se hallan en situaciones deficientes en términos de servicios básicos.

 

Los jóvenes de este contexto son quienes presentan, además, una situación más vulnerable. Pese a sus ganas de trabajar, la ciudad donde lo intentan no tiene la capacidad de absorber tanta demanda y, ante la falta de planes gubernamentales o municipales, se ven obligados a abandonar los estudios y a enrolarse en negocios callejeros con el fin de apoyar económicamente a sus familias.
Ante esta realidad desalentadora, Entreculturas tuvo la iniciativa de poner en marcha un proyecto pionero centrado en mejorar la preparación profesional de estos jóvenes y en fortalecer sus habilidades emprendedoras con el objetivo de aumentar sus oportunidades de ingreso en el mundo laboral.

 

Todo empezó en Guayaquil, una de las ciudades más deprimidas de Ecuador, y con un grupo de unos 20 chicos y chicas. Al tiempo que se les proporcionaba formación, se les entregaban micro créditos con los que se les ayudaba a crear pequeños negocios que fueran rentables dadas las características de los barrios en los que se asentaban.

 

Imagen 108Esta línea de trabajo, a su vez, iba enmarcada en una perspectiva ecológica, en el sentido de que existía el objetivo transversal de que los jóvenes aprendieran a ser respetuosos con el medio ambiente en todas las acciones que llevaran a cabo.
El arte, la identidad y la cultura también tuvieron lugar en la experiencia. Se realizó un festival artístico denominado “Em – Préndete Juventud” y un “Campamento Juvenil” donde los jóvenes pudieron aprovechar para intercambiarse tarjetas de presentación y compartir experiencias con otros compañeros y compañeras.

 

Y, por supuesto, se trabajó un aspecto fundamental: el tema de la igualdad de género. El propósito era contrarrestar la infravaloración habitual de la mujer y dignificar y fortalecer su papel tanto en la familia como en la comunidad. Se ofrecieron charlas sobre temas de autoestima, valores, prevención de embarazo prematuro, paternidad responsable, enfermedades de transmisión sexual y de administración empresarial. Y se procuró que todo lo aprendido se respetara y se pusiera en práctica durante todo el proyecto.

 

Al cabo de un año, analizamos los resultados y comprobamos que los chicos y chicas estaban contentos con sus pequeñas empresas. En general, habían empleado bien los préstamos y las actividades que habían puesto en marcha parecían funcionar. Esto, por extensión, había repercutido en el aumento de su autoestima demostrando, asimismo, un sentimiento de responsabilidad al devolver por completo el crédito que se les había prestado.

 

En conclusión, el proyecto había contribuido a que los jóvenes que habían realizado micro-emprendimientos habían experimentado una nueva forma de vida, con nuevas responsabilidades, y donde ellos mismos se habían convertido en generadores de sus propios ingresos. Ingresos que han aprendido también a reinvertir para garantizar la perdurabilidad de sus negocios y apoyar a sus familias.

 

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