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Malawi

Niños en Malawi. Foto: Dani Villanueva SJ

Foto: Dani Villanueva SJ

Mejora de las capacidades y el bienestar psicosocial de la población refugiada en el campo de Dzaleka

Durante más de 10 años, el Servicio Jesuita a Refugiados ha apoyado las iniciativas de educación de los refugiados y solicitantes de asilo albergados en Malawi. Desde el año 2002, JRS es socio implementador de ACNUR dentro del sector de la educación, haciéndose cargo de la educación para la población refugiada desde el nivel infantil hasta la educación adulta.

En los últimos años, el flujo de refugiados y solicitantes de asilo en Malawi ha ido en aumento pasando de 4.000 en el año 2000 a 16.853 (refugiados y demandantes de asilo) en 2012, tendencia marcada por los focos de violencia e inestabilidad que se han ido acrecentando en varios países de la región de Grandes Lagos (La República Democrática del Congo, Burundi y Ruanda) y África Oriental (Somalia, Eritrea y Etiopía).

Como consecuencia, las condiciones de vida y las oportunidades educativas de los niños y niñas del campo de refugiados de Dzaleka se han deteriorado considerablemente. Las escuelas carecen de la capacidad suficiente para atender a una población escolar que no ha dejado de crecer. Ante esta situación, el JRS vio la necesidad de aumentar los servicios educativos en el campo y atender al aumento de la población refugiada en Dzaleka. De esta forma, durante los últimos años, ha estado ejecutando un programa de educación y apoyo psicosocial a refugiados y solicitantes de asilo tanto en el campo de refugiados de Dzaleka como en la capital del país, Lilongwe. Gracias a esta intervención, actualmente el campo de Dzaleka cuenta con una nueva escuela de secundaria.

En su trabajo, el JRS está haciendo un gran esfuerzo en el cumplimiento de los Estándares Mínimos en Educación en Emergencia (INEE – Interagency Network for Education in Emergency), los cuales son la base para asegurar una calidad mínima en el trabajo educativo. Estos estándares contemplan:

> Formación y capacitación de profesores y profesoras

> Desarrollo del curriculum educativo de las escuelas

> Organización de comités de padres y madres (PTAs)

> Elaboración de material educativo adaptado a las necesidades educativas de la población refugiada

> Y construcción de una valla en la escuela que proteja al alumnado y al personal docente de las amenazas propias de la inestabilidad política y social.

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Panamá

Foto: Raquel Abad

Foto: Raquel Abad

La educación, una oportunidad de futuro para los indígenas de Ngobe Buglé

 

Panamá es un país de Centroamérica que cuenta con 3,5 millones de habitantes. Desde el año 2000 el país ha avanzado notablemente en su desarrollo económico hasta colocarse entre las economías más prósperas de la región. Así, el Índice de Desarrollo Humano ubica a la República de Panamá entre los seis países con más alto nivel de desarrollo humano de Latinoamérica.

A pesar de ello, hoy en día la proporción de población que no cuenta con ingresos suficientes para cubrir una canasta básica de alimentos y servicios asciende al 26%, y el país enfrenta algunos desafíos importantes en relación con la distribución de la riqueza. El Índice de Desarrollo Humano varía notablemente al comparar zonas urbanas con zonas rurales o indígenas. En éstas últimas, las condiciones de vida son equiparables a las que sufren los países más pobres de la región, con niveles muy bajos en educación, salud, o acceso a agua potable.

Así, bajo el promedio nacional se ocultan grandes diferencias, tales como una escolaridad de sólo 4,3 años en las comarcas indígenas, frente a 10,5 años de escolaridad promedio en los centros urbanos. Esta baja escolaridad se debe a múltiples factores como las dificultades económicas, la inaccesibilidad geográfica y la falta de una oferta educativa acorde al contexto cultural y multilingüe para esas zonas.

Frente a esta situación, Entreculturas y Fe y Alegría han decidido dar una respuesta educativa de calidad a uno de los sectores más pobres y excluidos del país: la población de la Comarca Ngobe Buglé. Para ello se ha diseñado una propuesta para cursar el nivel primario durante dos años, adaptada al contexto de esta población indígena y adulta. Así, la propuesta cuenta con un enfoque intercultural, es bilingüe, y los contenidos y metodologías se han diseñado para responder a las necesidades de los/as estudiantes.

El equipo facilitador también se forma periódicamente para mejorar sus competencias pedagógicas y se le dota de materiales didácticos para impartir las clases. Gracias a este proceso, 141 adultos/as indígenas, de esta región especialmente empobrecida, han conseguido culminar la primaria, y cuentan con mejores oportunidades para su futuro. En la actualidad otro grupo similar ha comenzado el mismo proceso.

 

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