Guatemala: cuando volver al cole es recuperar la esperanza

[separator size=”size1px” style=”dashed” color=”red”]

proyecto_guatemala_entreculturas

Proyecto Guatemala Entreculturas

[separator size=”size1px” style=”dashed” color=”red”]

En la Ciudad de Guatemala, uno de los núcleos urbanos con mayor desigualdad del planeta, las niñas, niños y jóvenes de los barrios marginales son quienes sufren los peores riesgos derivados de la exclusión social. Uno de los más graves y comunes es terminar formando parte de las maras, bandas violentas de crimen organizado que ofrecen a los adolescentes la identidad, autoestima y apoyo de los cuales carecen debido a sus circunstancias sociales y familiares. Son alrededor de 70.000 los chicos y chicas guatemaltecos que integran estos grupos en todo el país, según la Secretaría General de Planificación.

Hablar de extrema pobreza y falta de oportunidades, orfandad, vida en la calle, deserción del sistema escolar, consumo de drogas, acentuado machismo, violencia en el seno familiar o agresiones sexuales en especial a las niñas y adolescentes, es hablar de normalidad para los menores de estos asentamientos marginales; por eso la mara se presenta como una opción. El Centro de Información y Acción Social (CIAS), con el apoyo de Entreculturas y otras entidades, trabaja a través del Proyecto Educativo Laboral Puente Belice en las colonias más pobres de la capital para que ésta no sea su única salida. Una alternativa educativa que les devuelve a las aulas, la posibilidad de obtener un trabajo remunerado para contribuir a la supervivencia de sus hogares y la formación humana para una restitución psico-emocional son las tres líneas de actuación que poco a poco consiguen romper el círculo de pobreza y la cultura de violencia que afecta a estos jóvenes.

La eficacia de estos tres pilares se ha ido comprobando desde 2002 -cuando el padre jesuita Manolo Maquieira emprendió el proyecto en el barrio San Antonio y la colonia Puente Belice- hasta ahora, con el programa extendido a diez colonias más en las zonas 6 y 18 de la ciudad (juntas suman alrededor de 210.000 habitantes) y el Colegio instalado en la zona 16, junto a la Universidad Rafael Landívar. El 98% de los jóvenes que han pasado por este centro escolar no han ingresado en las tristemente célebres maras. Los más de 250 alumnos acuden en jornadas matutina o vespertina a los cursos de nivel primario, básicos y bachillerato. Sus programas de estudios, realizados por el Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica –IGER–, están avalados por el Ministerio de Educación. Una formación que ha permitido a 25 de los 172 graduados y graduadas en los diferentes niveles acceder a la Universidad por medio de becas, cosa que, según ellos mismos dicen, “no se imaginaba” en estas colonias.

La educación formal se complementa con los cursos sabatinos en la casa parroquial de Puente Belice, dirigidos a población de las colonias cercanas, juvenil y adulta. Allí se brinda asistencia educativa a los y las jóvenes que corren el riesgo de poder ingresar a las pandillas y se refuerza la acción comunitaria del proyecto, vital para su funcionamiento.

Una de las causas principales del abandono escolar es la necesidad de trabajar desde corta edad para ayudar a la familia a sobrevivir. Por eso el Área Laboral del proyecto es tan importante. Ofrece un trabajo a tiempo parcial (la otra mitad de la jornada se dedica al colegio) a alrededor de la mitad de los estudiantes. Dada la escasez de oportunidades y precariedad laboral que reina en estas zonas, la oferta es uno de los principales “ganchos” para que chicos y chicas vuelvan a la escuela.

Actualmente son 85 los que trabajan en diferentes empresas por medio de convenios, en el mismo proyecto (profesores auxiliares, tutorías, mantenimiento, etc.) y en pequeñas iniciativas comunitarias generadas por el propio proyecto, como el Mesón Manolo, un comedor en el centro de la ciudad. Poco a poco se busca la diversificación para garantizar más empleos.

Dentro del Área laboral se da también capacitación técnica a los y las estudiantes a través del Instituto Técnico de Capacitación y Productividad (INTECAP) en aspectos que les refuercen sus destrezas y posibilidades para una mejor inserción en el mercado de trabajo (inglés, informática y técnicas empresariales para el desarrollo de microempresas).

Además de la educación y el sustento económico, el Área de Formación Humana es clave en esta barrera contra las maras que constituye el Proyecto. Cuando la escasez, la muerte y la violencia son algo cotidiano, igual que el acoso de las maras, el mundo de las drogas, etc., el sobrevivir se vuelve muy cuesta arriba. De hecho, un alto porcentaje de muchachos y muchachas ven truncadas sus vidas a muy corta edad. Esto, unido a la falta de oportunidades, hace que su actitud sea la de alguien que jamás pensó en tener futuro. Para tratar de cambiar esto, los talleres diarios en el último periodo de clases les ayudan a procesar los elementos que contribuyen a su marginalidad, generando espacios para la autocrítica y la reflexión que les permitan reconocer y valorar sus potencialidades humanas. El acompañamiento psicosocial, con apoyo terapéutico en los casos necesarios, y la proyección comunitaria en las colonias donde viven los estudiantes completan este trabajo de restitución de la autoestima.

Así, las chicas y chicos del proyecto tratan de superar sus problemas y trabajan duro, en muchos casos compaginando jornada laboral con estudios. Por eso el padre Francisco Iznardo, a cargo del Proyecto Educativo Laboral Puente Belice desde 2006, lo describe como “una apuesta vital en la que los jóvenes logran salir adelante con su propio trabajo y esfuerzo, una ayuda para que se ayuden a sí mismos”. De hecho, el objetivo final del Proyecto a largo plazo es que los propios jóvenes se conviertan en agentes de desarrollo y, a través de la Asociación Juvenil Manolo Maquieira (AJUMA) terminen siendo sus responsables y consigan hacerlo autosuficiente.

Hasta hace ocho años, niñas, niños y jóvenes de estas zonas tenían la mara, con sus autodestructivas consecuencias, como única salida para rebelarse contra su condición de marginales y desquitarse de su sufrimiento. Hoy cientos de ellos van a la escuela e incluso a la Universidad, trabajan, enseñan. Volver a estudiar les está permitiendo construir un futuro esperanzador, en el cual ellos tienen las riendas.

[separator size=”size1px” style=”dashed” color=”red”]

Si quieres conocer más proyectos de Entreculturas, pincha aquí

[separator size=”size1px” style=”dashed” color=”red”]