Sudán del Sur, los retos de un país neonato

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Proyecto Sudán Entreculturas en colaboración con Aecid

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Hace apenas un año que Sudán del Sur proclamó su independencia. Fue el 14 de julio de 2011 cuando, y tras los resultados de un referendum que secundó de manera positiva más del 98% de su población, este país africano ingresó como Estado número 193 en la Asamblea General de la ONU, constituyéndose asimismo como el 54º país africano. ¿El precio? Una larga y cruenta guerra civil de más de dos décadas de duración, que acumuló un saldo de más de dos millones de víctimas mortales, además de cuatro millones de desplazados y medio millón de personas refugiadas.

Una guerra que aparentemente acabó con la firma en el año 2005 del Acuerdo de Paz Integral (Comprehensive Peace Agreement, CPA) pero que continúa dando coletazos aún a día de hoy en forma de ataques aislados por parte de las milicias y que hace valer sus consecuencias como una pesada losa. Y es que el paisaje tras la enraizada violencia que ha atenazado a este país africano por más de 20 años es complejo. Así, y a una práctica inexistencia de infraestructuras, se le suma un control por parte de las autoridades centralizado poco más allá de Juba, su capital, y unos niveles de pobreza que afectan a más de la mitad de su población, que vive por debajo del umbral de la pobreza.

Según afirma un reciente estudio realizado por REDES (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario), titulado Sudán del Sur: pasado, presente y futuro. Los retos de la comunidad internacional para el desarrollo los retos a los que se enfrenta este ‘nuevo’ país y su recién estrenada independencia son múltiples y complejos.

Y es que, para empezar, Sudán del Sur es, a día de hoy, uno de los países con los indicadores de desarrollo humano (según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD) más bajos del planeta, con una población fundamentalmente rural (86%) y dependiente de la ganadería (78%).

Por otro lado, la debilidad estatal e institucional de este país es todavía una evidencia. Y la estabilidad económica es también otro de sus mayores retos. Concretamente el petróleo es uno de sus mayores bienes pero, al mismo tiempo, también una de sus más pesadas losas, por cuanto que está ocasionando fuertes tensiones con su eterno enemigo, su vecino del Norte, además de que sus reservas tienen una vida útil aproximada de en torno a unos 20 ó 30 años, por lo que la diversificación económica se antoja como una necesidad de primer orden.

El ámbito político es también un área a trabajar, donde el actual partido en el Gobierno (el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán, SPLM) se enfrenta al reto de constituirse como un partido sólido ajeno a la corrupción que desde hace ya muchos años ha definido la política sudanesa; además de dejar el espacio necesario para la necesaria oposición política.

A estos problemas estructurales se le suman otros relativos a la salud (por ejemplo, posee una tasa de mortalidad infantil de más del 100 por 1.000 nacidos); el saneamiento (más de la mitad de la población carece de acceso a agua potable); y la educación (menos de la mitad de los niños de Sudán del Sur reciben educación primaria y el 85% de los adultos son analfabetos). Además de la realidad a la que se enfrentan los miles de desplazados y refugiados que están volviendo progresivamente a sus lugares de origen.

En este contexto, la Fundación Entreculturas, junto al equipo del SJR en la zona, y en colaboración con la AECID, trabaja en tres bloques claros de actuación en aras de la reconstrucción de Sudán del Sur. Éstos son: la educación formal, la educación para adultos y la educación para la paz.

En la actualidad, y en lo relativo a la educación formal, el SJR apoya a ocho escuelas infantiles, siete de primaria y una de secundaria en Lobone Payam (que posee una población de 13.650 habitantes) y a otras ocho escuelas de primera y dos de secundaria en los Payams de Nimule, Mugali y Pageri (localidades con una población estimada de en torno a los 106.737 habitantes). En estas zonas, el SJR trabaja para combatir los problemas más significativos que dificultan el acceso a la educación en la población con edad escolar y que son fundamentalmente seis:

- las infraestructuras educativas,
- la atención de menores con necesidades educativas especiales,
- el desequilibrio de género entre el alumnado y el cuerpo docente,
- los niveles de formación del cuerpo docente,
- los materiales didácticos y de aprendizaje,
- la calidad de la gestión escolar.

En cuanto a la educación para adultos no es de extrañar que los niveles de alfabetización sean muy bajos en un país que ha sufrido los desmanes de una guerra civil que ha durando más de 20 años. Por eso, la labor del SJR se centra en paliar no sólo los efectos del analfabetismo escolar, sino que también aborda la llamada ‘alfabetización funcional’ (que abarca la formación de capacidades básicas para la vida, tales como hábitos de higiene y salud familiar, así como la formación vocacional en habilidades profesionales básicas, como la carpintería, albañileríaa, etc.).

Por último, el trabajo del SJR en las zonas de Nimule y Lobone incluye también la educación para la paz que difunde entre los sudaneses del Sur la comprensión del Acuerdo de Paz Integral (CPA) firmado en 2005 y que ratificó el fin de la guerra civil; además de mediar en conflictos entre comunidades de distintas etnias, retornados y refugiados internos y realizar un trabajo concienzudo de integración de los soldados en la sociedad.

Otro de los proyectos de cooperación y reconstrucción de Sudán del Sur que desarrolla la Fundación Entreculturas en este país africano es el realizado en colaboración con Inditex y que consiste en la mejora del acceso a una educación de calidad en las regiones de Yei River y Kajo Keji. Un proyecto del que se benefician de manera directa un total de 27.900 personas (12.490 mujeres y 15.410 hombres).

Así, desde 2010 y hasta el próximo año 2013, la Fundación Entreculturas e Inditex colaboran, a través del Programa Educativo en África para población refugiada, desplazada y retornada en Burundi, Malawi, República Centroafricana y Sudán, en la mejora de la educación en estas zonas de Sudán del Sur. Una ayuda que se concreta en cuatro líneas básicas de actuación:

– Mejora de la educación primera y secundaria. Que se traduce en la construcción de escuelas que además incluirán un sistema de recogida de agua de lluvia que palíe, en la medida de lo posible, los problemas de escasez de este bien fundamental que sufre la zona. Y que, en función de las necesidades específicas de cada escuela, incluirá la distribución de bancos y escritorios, libros de texto, artículos de papelería, etc.

– Acción positiva. Encaminada a la facilitación del acceso de las niñas y adolescentes a la escuela, que incluye un kit de higiene para la menstruación, el pago del 75% de la matrícula escolar hasta a 500 niñas y la concienciación social de la necesidad e importancia del acceso de las niñas a la educación. También se apoyará a un total de 45 niños y niñas en situación de vulnerabilidad, además de a 50 refugiados congoleños del campamento de refugiados de Nyori.

– Formación del profesorado. Con el objetivo de aumentar de manera significativa el número total de maestros cualificados para enseñar en las escuelas primarias y secundarias.

– Construcción de la paz. Mediante la divulgación del contenido del Acuerdo de Paz General (2005) y la mediación en situaciones de conflicto en las comunidades, además de la construcción de talleres de técnicas de resolución de conflictos.

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