Zimbabue: compromiso con la educación en situación de crisis

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Proyecto Zimbabue Entreculturas

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Zimbabue vive actualmente en una situación de caos y emergencia humanitaria, pero a pesar de todo sigue recibiendo población refugiada de los países cercanos. Tanto para este colectivo como para la población local desplazada, la educación es una herramienta muy valiosa a la hora de ver mejorar sus condiciones de vida.

Zimbabue ha sido, desde que se constituyó como país en 1980, lugar de acogida para centenares de miles de personas refugiadas. Los conflictos en países cercanos como República Democrática del Congo, Burundi, Ruanda o Mozambique obligaron a las víctimas a huir e instalarse allí durante las décadas de los ochenta y los noventa, en campos de refugiados como Tongogara, donde hoy todavía viven 3.500 personas. Por entonces la situación de Zimbabue era más esperanzadora que la de sus vecinos. Sin embargo, hoy en día el país se encuentra en una situación de auténtico caos y grave emergencia humanitaria.

Una de las causas principales es la grave crisis económica, agravada tras las elecciones de 2008, que sirvieron a Robert Mugabe para perpetuarse en el poder de forma fraudulenta. El estallido de violencia que provocaron los comicios obligó a cerrar a la mayoría de las fábricas, así que casi toda la comida que se comercia es importada de Sudáfrica y, por lo tanto, muy cara. La tasa de desempleo es del 80% y la de inflación es la más alta del mundo, lo cual deja a la mayoría de las familias en la pobreza más absoluta. La esperanza de vida ha bajado de los 62 a los 46 años debido fundamentalmente a la malnutrición, el colapso del sistema sanitario y la propagación de enfermedades infecciosas, como el cólera y la tuberculosis. La producción agrícola en el país es mínima por la desacertada gestión de la política agraria, la mala planificación de cultivos y las escasas lluvias de la última temporada. Además, desde la reforma agraria de 2002, productos como semillas, abonos o pesticidas no se pueden adquirir y las granjas no han conseguido producir alimentos suficientes. El país también experimenta frecuentes cortes de energía y dificultades de abastecimiento.

Todo esto hace extremadamente difícil la vida de la mayoría de la población zimbabuense, y a pesar de ello, el país sigue recibiendo refugiados de República Democrática del Congo, Etiopía, Somalia, Ruanda y Burundi. En peores condiciones que los refugiados viven alrededor de 700.000 desplazados internos que viven en asentamientos ilegales. Sus hogares y negocios en la ciudad de Harare fueron destruidos en 2005, a causa de un controvertido programa de reorganización urbana llevado a cabo por el Gobierno.

Desde 2008, Entreculturas apoya la labor del Servicio Jesuita a Refugia-dos (JRS por sus siglas en inglés) en Zimbabue para mejorar las condiciones de vida tanto de la población refugiada como de los habitantes del país desplazados de sus hogares. El Servicio Jesuita a Refugiados lleva 13 años trabajando en este país con refugiados y solicitantes de asilo, colaborando estrechamente con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y más socios como World Vision y el Departamento de Asuntos Sociales del Gobierno de Zimbabue, entre otros.

Tongogara: mejor calidad de vida

A pesar de la difícil situación que atraviesa el país, las condiciones de vida de miles de refugiados y refugiadas de Tongogara han mejorado notablemente a raíz del trabajo del JRS apoyado por Entreculturas. Además de la ayuda de carácter humanitario, centrada en el reparto de ropa y comida, se ha hecho un gran esfuerzo por dar acceso a una educación de calidad.

La ampliación de la cercana escuela de San Miguel y la creación de una biblioteca -el único lugar de lectura tranquilo en el campo, con más de 2.000 usuarios y donde asisten la mayoría de los alumnos a estudiar- fueron las primeras grandes acciones realizadas en el campo, pero los avances han ido a más. En 2010 ya eran 25 los alumnos que pudieron continuar sus estudios de secundaria gracias a becas otorgadas por nuestro proyecto, y casi 60 recibieron formación profesional en costura.

Gracias a este tipo de formación, un grupo de más de 20 hombres y mujeres ya han podido incorporarse al mundo laboral, algo casi inimaginable para esta población en el momento en que llegan al campo. Con su trabajo cosiendo uniformes para las escuelas vecinas, generan ingresos que les permiten mantener a sus familias.

Porque la educación que promovemos en Entreculturas y el JRS tiene siempre una vocación transformadora y la gran mayoría de la población de Tongogara ha escapado de graves conflictos con mucha violencia, también se han organizado talleres de educación para la paz en los que han participado los líderes comunitarios del campo.

 Mucho trabajo por hacer

Está claro que la apuesta por la educación es una de las mejores formas de elevar el nivel de vida de la población refugiada y desplazada, por eso Entreculturas, de la mano del JRS, seguirá trabajando en esta línea, no sólo en Tongogara, sino también en las regiones de Checheche y Chishawasha, donde viven gran parte de los desplazados internos en chozas hechas de cañas y plásticos, infestadas de mosquitos y con riesgo de quedar inundadas durante la época de lluvias. Salir adelante para ellos es todavía más complicado: no disponen de mucha tierra para cultivar porque los propietarios cobran precios desorbitados. Pagan estos alquileres gracias a los ingresos esporádicos que obtienen como mano de obra no cualificada en la cercana ciudad de Chishawasha. Los salarios recibidos son mínimos, así que a duras penas pueden mantener a sus familias o llevar a sus hijos al colegio.

Por eso Entreculturas también apoya al JRS en su trabajo con los desplazados internos, centrado principalmente en promover el acceso a una educación básica de calidad. Dar apoyos para pagar los gastos escolares de los pequeños es una de las principales estrategias a seguir a partir de ahora. Un objetivo importante se centra en los niños más vulnerables del barrio de San Pedro, en Checheche, que quedaron huérfanos debido a la ola de violencia política ocurrida en 2002. El JRS interviene para hacer posible que al menos estos niños puedan completar los primeros niveles de educación. Además, se está apoyando con alimentos y semillas a las familias vulnerables para que puedan tener un complemento a su sustento diario, que a día de hoy es sumamente reducido.

Actualmente, estamos buscando apoyo para continuar trabajando con la población refugiada y desplazada en Zimbabue. Porque ellos tienen tanto derecho a la educación como cualquier otra persona en el mundo y, en situaciones de emergencia como la que viven miles de personas en este país, es una herramienta de cambio clave, tanto para mejorar su vida a corto plazo como para darles oportunidades de futuro.
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