Haití padece desde hace años profundas desigualdades sociales y una pobreza crónica consecuencia de una infraestructura política frágil y unas redes de cobertura social muy débiles.

Su capital, Puerto Príncipe, cuenta con una gran ocupación territorial de familias desplazadas tras el terremoto de 2010 o movilizadas desde el entorno rural buscando una mejor calidad de vida. La falta de acceso a servicios básicos y a derechos fundamentales convierten el entorno en un caldo de cultivo para relaciones intrafamiliares violentas, en las que el abuso sexual y el maltrato infantil forman parte del escenario vital de las niñas.

Ante la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran las niñas, nuestro trabajo se centra en la prevención de la violencia, en especial de la violencia sexual contra ellas. Trabajamos concretamente en el barrio de Canaán, que surgió a partir de uno de los campamentos de afectados por el terremoto, y desarrollamos acciones en tres áreas:

  • La capacitación de los docentes a través de talleres formativos en técnicas y métodos para evitar la violencia doméstica, considerando especialmente el tema de género.
  • La sensibilización de las familias, a través de programas de formación, visitas y acompañamiento y asesoría en casos especiales. Además, organizamos grupos de apoyo junto con el equipo docente para fortalecer el vínculo escuela- comunidad que permita la sostenibilidad de este trabajo.
  • El fortalecimiento a nivel personal de las menores en riesgo, creando espacios de crecimiento y desarrollo en terapias individuales y colectivas y generando espacios de recreación y actividades deportivas.

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