No tengo futuro. Intento vivir en paz, olvidarme de que no tengo papeles. Intento ser feliz. Mi mayor problema es que ya no soy el que solía ser. No puedo hacer lo que había planeado. No es fácil encontrar tu camino cuando todas las opciones están cerradas

(Jean, desplazado de RDC cuya solicitud de asilo ha sido denegada)

Tengo esperanza para el futuro porque sé que las condiciones no van a ser las mismas. Así que mi situación cambiará en el futuro. Tendré ayuda para mi educación. Viviré una vida que le agradará al Señor. Así que no me preocupo por no saber qué traerá el mañana. Mientras haya vida, hay esperanza

(Persona desplazada anónima)

Tengo 17 años. Llegué de Sudán tras huir de unos traficantes de esclavos. Me escondí en un barco y llegué a Alemania, donde pedí ayuda a otros africanos. Conseguí un trabajo ilegal, fui detenido y arrestado. Las autoridades alemanas rechazaron mi solicitud de asilo porque el peligro de ser capturado de nuevo como esclavo no es “persecución política”, según la ley. Estuve varias semanas detenido hasta que un día fui conducido a la Embajada de Sudán, donde me fue denegada la nacionalidad por ser sudanés del sur. El gobierno de Alemania no puede expulsarme. Creen que he mentido sobre mi nacionalidad y están investigando de qué país soy. Llevo seis meses detenido

(Refugiado de Sudán)

El aprendizaje es un derecho que se adquiere al nacer y es tan fundamental como la libertad. Denegar la educación es denegar la libertad

(Kailash Satyarthi, presidente de la CME)

Mi padre trabajaba en las minas de oro hasta que cayó enfermo. Después no teníamos nada y tuvimos que dejar la escuela. Cuando las tropas de Kabila de Catanga ingresaron en nuestra aldea, saquearon todas las cabras y gallinas y nos hicieron cargar bultos pesados. Después de ser saqueados tres veces, yo estaba enojado y me enrolé en el ejército para vengarme, y para huir de los ataques. En el ejército me pagaban 100 dólares al mes y me sentía muy feliz.

(Adolescente de 17 años en la R.D.Congo)

No podemos enviar a nuestras jóvenes a aldeas lejanas para estudiar, ya que no es seguro viajar tres o cuatro kilómetros a pie. Nazma es una chica inteligente y me siento mal cuando veo que mi hija quiere ir a la escuela, pero no puedo hacer nada.

(Maulvi Iqbal Khan, Mewat, India)

La responsabilidad familiar descansa sobre mí, lo que reduce mi rendimiento académico. Mis padres me inducen a que me case, e incluso hay gente que trata de influirme para que me enamore de chicos, y todo esto me plantea dificultades para permanecer en la escuela.

(Grace Loria, estudiante de secundaria de la escuela de Fulla en Sur de Sudán)

Las mujeres siempre tenían que pastear ovejas. Mi mamá no tiene la educación primaria y apenas sabe escribir su nombre. Mis padres decían: -¿Para qué vamos a hacer estudiar a las mujeres?- Yo entendí entonces que debía ser así y salí contenta de poder pastear ovejas al año siguiente.

(Elvira Noa Quispe, Quispicanchi, Perú)

Soy muy feliz por haber vuelto a la escuela. Tengo el uniforme del año pasado que todavía me sirve, pero mi madre no puede comprarme libros de ejercicios. Sin los libros no podré escribir, sólo leer y tardaré más en aprender. Vivo con mis dos hermanos pequeños, mi abuela y mi madre. Mi padre ha muerto y mi madre no tiene trabajo. Hay días que no tenemos comida y eso es duro, no hay dinero para comprar nada. A veces voy a la escuela con hambre, pero ahora nos dan dos comidas gratis en la escuela. Las gachas de la mañana y la comida del mediodía nos llenan y así aprendemos mucho mejor. La asistencia a la escuela ha aumentado mucho. En la escuela hay un club para chicas a donde voy los jueves. Solemos representar una obra y nos enseñan cosas. Hemos aprendido acerca del VIH/SIDA y cómo protegernos de él. También hemos aprendido los derechos de las niñas. Ya sé que tengo derecho a ir a la escuela. Quiero acabar la escuela y realizar estudios superiores para enseñar a otros.

(Maua Juma, 11 años, Tanzania)
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