Mitos y datos sobre las personas refugiadas

El atentado perpetrado por el grupo terrorista Daesh que tuvo lugar en París el pasado 13 de noviembre ha vuelto a despertar el debate sobre la acogida de personas refugiadas en los países europeos. Hace unos meses los medios de comunicación publicaban a diario numerosas imágenes de miles de personas refugiadas tratando de llegar a las fronteras de la Unión Europea. Estas imágenes despertaron en las sociedades de los países europeos oleadas de solidaridad, pero también de racismo. Ahora, estas imágenes pierden relevancia para mostrarnos el horror y terror que vivió Francia. En este contexto, es importante acercarse a la visión que tiene parte de la sociedad sobre aquellos que llegan a nuestros países buscando protección y tratar de contrastar con datos y hechos algunas de las creencias más frecuentes.

 

“La llegada de personas refugiadas a Europa es una invasión, una avalancha”

Según ACNUR, hasta diciembre de 2014 había en el mundo 59,5 millones de personas que se habían visto obligadas a desplazarse forzosamente. De esos, 19,5 millones son población refugiada porque han traspasado las fronteras de su país, de los que 3,8 millones (27%) residían en países de Asia y el Pacífico, 3,7 millones (21%) en África Subsahariana, Europa acogía a unos 3,1 millones (22%) y América a 769.000 (5%). En relación con su población, los países que acogen a un mayor número de personas refugiadas son Líbano, con 232 refugiados por cada 1.000 nacionales; Jordania, con 87 por cada 1.000 y Nauru, con 39 por cada 1.000.

En los cinco años de guerra civil, más de cuatro millones de ciudadanos sirios han abandonado Siria y han buscado refugio en otros países, mientras que más de 7,5 millones se han desplazado internamente. De los que han traspasado fronteras, Líbano acoge a 1,2 millones, Jordania a 650.000, Turquía a 1,9 millones, Irak a 249.463 y Egipto a 132.375. ACNUR estima en 644.000 la cifra de personas refugiadas y migrantes que llegaron a Europa entre enero y octubre del 2015. Como muestran las cifras, la mayoría de la población refugiada se instala en países próximos al de origen, con poblaciones mucho más reducidas que las del conjunto de los países europeos. No puede hablarse, por tanto, de una “invasión o avalancha”.

 

“¿Por qué no los acogen los países del Golfo Pérsico? ¿Por qué tenemos que acogerlos nosotros?”

Pues entre otras muchas razones, porque estamos obligados a ello. La mayoría de los países de la Unión Europea -entre ellos, España- han firmado una serie de tratados internacionales que les obligan a proteger y ayudar a la población refugiada, es decir, a aquellas personas con temores fundados de persecución por su raza, religión, nacionalidad, pertenencia al grupo social u opinión política. Entre otros, España ha ratificado la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que protegía a los europeos tras la Segunda Guerra Mundial, y el Protocolo Adicional de 1967, que extendía esa protección al resto del mundo. España también ratificó en 1990 la Convención de los Derechos del Niño, cuyo artículo 22 recoge la protección y atención a niños y niñas refugiados, lo que tiene una gran importancia debido a que, de acuerdo con UNICEF, uno de cada cinco solicitantes de asilo son menores.

A nivel europeo, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, ratificado por España en 1979, en su artículo, 3 y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en su artículo 19, recogen el principio de no devolución, por el que se prohíbe devolver o expulsar a una persona al territorio de cualquier país en el que su vida o su libertad se encuentren amenazadas. España también está obligada por su derecho nacional a través de la Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria. Además, naturalmente, pueden alegarse otras razones de justicia, solidaridad o simple humanidad de acoger a personas perseguidas con riesgo de sus vidas.

Los países del Golfo no han suscrito en Convenio de Ginebra de 1951, por lo que no tienen las obligaciones jurídicas derivadas del mismo. Con todo, es verdad que deberían y podrían hacer mucho más y así lo han denunciado también organizaciones como Amnistía Internacional. Pero, en cualquier caso, esto no nos exime a nosotros de asumir nuestras propias responsabilidades.

 

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“Todos los refugiados son sirios”

De las personas refugiadas que han llegado a Europa en el 2015, aproximadamente el 54% son sirias. Muchas otras son de Afganistán, país que vive una guerra que ya dura más de una década, y de Eritrea, donde desde su independencia de Etiopía en 1993 viven bajo un régimen autoritario y represivo donde se violan de manera constante los Derechos Humanos. También hay población refugiada procedente de otros países como Irak, Pakistán, Nigeria, Somalia, Sudán, Gambia y Bangladesh.

 

“Entre los refugiados pueden infiltrarse yihadistas”

Este prejuicio se ha visto reforzado por los recientes atentados que sufrió París el pasado 13 de noviembre en los que se encontró un pasaporte que, supuestamente, pertenecía a un refugiado sirio. Algunos estados han utilizado este hecho como excusa para el cierre de sus fronteras. Sin embargo, cuatro de los terroristas identificados en los atentados de París son ciudadanos franceses, lo que recuerda que miles de ciudadanos europeos se unen a las filas de Daesh, mientras que no se ha demostrado que uno de los terroristas fuera un refugiado procedente de Siria. La realidad es que la probabilidad de una infiltración es muy remota y que las personas refugiadas pasan por controles exhaustivos, a través del Sistema europeo común de Asilo (SECA) y las bases de datos creadas por el Reglamento Eurodac que permite que las fuerzas de policía nacionales y la Europol comparen las huellas dactilares con fines de prevención, detección e investigación de delitos graves y terrorismo.

La población siria e iraquí es también víctima de Daesh, lo que les lleva a huir no solo de la guerra, sino también del terror y la violencia de este grupo terrorista. En realidad, los refugiados huyen también entre otros motivos, del terror de Daesh, el mismo que golpeó a Francia y a otros muchos lugares. De acuerdo con el Global Terrorism Index, el 78% de las 32.685 muertes que hubo en el 2014 en el mundo como consecuencia de atentados terroristas tuvieron lugar en Iraq, Siria, Nigeria, Afganistán y Pakistán.

Daesh considera que los que huyen de las zonas bajo su control son traidores, por lo que la hostilidad por parte de Europa y Estados Unidos hacia los refugiados les beneficia.

 

“Con el paro que hay en España, ¿podemos permitirnos la acogida de población refugiada?”

En un momento de crisis como el actual es muy fácil que los mitos y prejuicios sobre las personas refugiadas se extiendan. Aunque es cierto que muchos ciudadanos han vivido en España un empeoramiento de su calidad de vida, la situación no se puede comparar con la de aquellos países en situación de conflicto o con la de sus vecinos, colapsados y con menor capacidad de respuesta.

Además, la llegada de personas inmigrantes y refugiadas aporta un respiro demográfico a España. En el 2013 sólo hubo 35.691 más nacimientos que muertes, por lo que frente a la envejecida población, la llegada de refugiados supone un rejuvenecimiento. 

Según un informe de la Fundación Ideas, el 60% del crecimiento de la economía española de la pasada década se debió a la inmigración, con una contribución directa de 1,2%, y señalan que, sin inmigración, el PIB español se hubiera contraído en 2010 en 0,1 puntos más. Aunque el estudio se basa en la aportación de la población inmigrante, consideramos que también podría aplicarse al colectivo de refugiados.

Europa debe estar a la altura para acoger y proteger a aquellas personas que huyen de la guerra y del terror, buscando un futuro para ellos y sus hijos. Como los datos y los hechos presentados han mostrado, los estados europeos tienen la capacidad de permitir que estas personas crucen nuestras fronteras y deben hacerlo antes de que sea tarde.

Día Internacional de los Derechos Humanos

Las personas refugiadas buscan recuperar sus derechos humanos, su libertad de vivir sin miedo 

  • En el mundo hay más de 20 millones de personas refugiadas. Obligadas a huir de sus países, buscan un lugar donde poder recuperar sus derechos y libertades fundamentales.
  • La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados reconoce el derecho de las personas refugiadas a obtener en los países contratantes derecho a trabajo, vivienda, asistencia pública y educación.
  • Entreculturas trabaja para atajar las causas de los conflictos, para ofrecer educación a quienes no la reciben e incidir en los representantes políticos y en la sociedad para generar una cultura de hospitalidad y de respeto de los derechos humanos de las personas refugiadas.

En el Día Internacional de los Derechos Humanos se conmemora la fecha en que, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este año además, se conmemora el 50 aniversario de los dos pactos internacionales de derechos humanos. Ambos acuerdos, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, constituyen la Carta Internacional de Derechos Humanos, que establece los derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales que tiene todo ser humano al nacer.

Generalmente, son los gobiernos los encargados de garantizar los derechos humanos básicos de sus ciudadanos. Pero, una vez estos ciudadanos se ven obligados a huir de sus países, debido a fundados temores de ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas; se convierten en refugiados, y esta garantía de protección de los derechos humanos desaparece. Según ACNUR, hasta diciembre de 2014 había en el mundo 59,5 millones de personas que se habían visto obligadas a desplazarse forzosamente. 19,5 millones son población refugiada porque han traspasado fronteras. De esos, 14,4 millones están bajo el mandato de ACNUR: 3,8 millones (27%) residían en países de Asia y el Pacífico, 3,7 millones (26%) en África Subsahariana, Europa acogía a unos 3,1 millones (22%), Oriente Medio y el Norte de África a 3 millones (21%) y América a 769.000 (5%). Los 5,1 millones restantes son refugiados palestinos registrados por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio. En relación con su población, los países que acogen a un mayor número de personas refugiadas son Líbano, con 232 refugiados por cada 1.000 nacionales y Jordania, con 87 por cada 1.000.

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Para garantizar la protección de los derechos humanos de las personas refugiadas se estableció en 1951 la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Este tratado internacional reconoce que las personas refugiadas tendrán, en los países contratantes, derecho a trabajo, vivienda, asistencia pública y educación, entre otros. Es una manera de restablecer y garantizar el ejercicio de los derechos humanos de las personas refugiadas, de recuperar la tan importante libertad de vivir sin miedo; que señalaba Franklin D. Roosevelt en su discurso de las cuatro libertades.

Restablecer los derechos humanos de las personas refugiadas

Entreculturas trabaja para atajar las causas de los conflictos, para ofrecer educación a quienes no la reciben e incidir en los representantes políticos y en la sociedad para generar una cultura de hospitalidad y de respeto de los derechos humanos de las personas refugiadas.

La mayoría de los refugiados del mundo proceden de la República Árabe Siria. Líbano, un país de 4,5 millones de habitantes, cuenta con 2 millones de refugiados sirios, más los que llegan cada día. Esto quiere decir que uno de cada tres habitantes es un refugiado. La situación política y económica de este país es bastante frágil, y la violencia de Siria ha llegado también a sus fronteras. Las familias tratan de crear un ambiente de normalidad para sus hijos. Muchas de ellas han llegado con lo puesto y apenas tienen recursos, por lo que necesitan ayuda de la comunidad que los acoge. Junto con el Servicio Jesuita a Refugiados se han abierto escuelas con programas de formación acelerado, para que, en cuestión de seis meses, sus alumnos y alumnas procedentes de Siria cuenten con la formación adecuada para asistir a las escuelas en Líbano. La escuela restablece su derecho humano a la educación y se convierte en un lugar donde se sienten seguros, donde ven que sus sueños pueden hacerse realidad.

Otro de los proyectos que Entreculturas tiene en marcha es en Sudán del Sur. Ya son más de 2 millones las personas que se han visto obligadas a huir: 500.000 han podido cruzar la frontera hacia países vecinos y 1,5 millones continúan en el país como desplazados internos. Entreculturas ofrece apoyo psicosocial y acceso a la educación para que los menores y los jóvenes, no pierdan su proceso formativo y sigan labrando sus oportunidades de futuro.

Mirando a América Latina, en las provincias fronterizas de Colombia con Ecuador, hay decenas de miles de colombianos y colombianas en condición de refugio o en condiciones de necesidad de protección internacional. Entreculturas junto con el Servicio Jesuita a Refugiados facilita el acceso educativo de menores, ya que la escuela es un factor de protección, de alternativa a la calle y les permiten construir sus propias historias de vida, definir sus identidades y hacerlo de manera libre frente a los estereotipos socioculturales y de género.

Ante el creciente volumen de refugiados y migrantes llamando a las puertas de Europa, las obras del Sector Social de la Compañía de Jesús también están poniendo en marcha un proyecto bajo el nombre de “Hospitalidad”, cuyo objetivo es generar una marea de solidaridad e inclusión para las personas forzadas a huir de su tierra y que llegarán a España en los próximos meses.

124 millones de niños, niñas y adolescentes están sin escolarizar y 230 millones viven en países afectados por conflictos armados

• El 20 de noviembre se celebra el Día Internacional de los Derechos de la Infancia para conmemorar la firma de la Convención de los Derechos del Niño, una herramienta para la promoción y protección del bienestar de la infancia

• A pesar de los avances en el cumplimiento de los derechos de la infancia, el mundo tiene grandes retos para con los menores, sobre todo en educación, ya que el número de menores sin escolarizar está aumentando.

La infancia es el periodo de la vida humana desde que se nace hasta los 18 años. La Convención sobre los Derechos del Niño enuncia, que todo niño y niña debería gozar de salud, disfrutar del descanso y del juego, tener una familia, un nombre, una nacionalidad, recibir educación, desarrollar la capacidad de libertad de pensamiento y de expresión, y ser protegidos frente a la explotación infantil, entre otras cosas. Como decía Freud, es la etapa donde se desarrollan las bases de la personalidad.

A pesar de los avances en el cumplimiento de los derechos de la infancia, el mundo tiene grandes retos para con los menores, sobre todo en educación, ya que el número de menores sin escolarizar está aumentando. El derecho a la educación tiene un papel fundamental en la Convención sobre los Derechos del Niño. Sus artículos 28 y 29 obligan a los Estados firmantes a ofrecer educación primaria y gratuita, a respetar la dignidad de los niños y de las niñas en los métodos de disciplina y a orientar la educación al pleno desarrollo personal, al respeto de los derechos humanos y a la convivencia intercultural, de manera que puedan integrarse en la vida adulta activamente.

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Alumnos sirios refugiados en Líbano reciben educación gracias al Servicio Jesuita a Refugiados

A pesar de lo dispuesto en la Convención, actualmente 124 millones de niños, niñas y adolescentes están sin escolarizar. De estos, 59 millones de niños y niñas no acuden a la escuela primaria y 65 millones de adolescentes no están matriculados en el primer ciclo de secundaria. Pero lo más grave es que, tal y como denuncia UNESCO, estas cifras van en aumento. Hoy hay dos millones más de niños, niñas y adolescentes sin escolarizar que en 2011.

Dos razones contribuyen a explicar esta situación. En primer lugar, hay países del África subsahariana que tropiezan con dificultades para atender la creciente demanda de educación primaria por parte de una población en edad escolar que sigue aumentando. Además, los enormes progresos registrados a comienzos del siglo se debieron sobre todo a las medidas a gran escala destinadas a mejorar el acceso a la educación, como la supresión de los derechos de matrícula y la construcción de nuevas escuelas. Ahora bien, en un informe reciente del IEU y UNICEF se demuestra que ya no se pueden desarrollar estrategias centradas en aumentar el número de docentes, de aulas y de libros de texto. Se precisan intervenciones específicas para llegar a los niños y jóvenes más marginados que hoy en día no están escolarizados, como los que tienen discapacidades, los que pertenecen a minorías étnicas, religiosas o lingüísticas y sobre todo, a los menores afectados por conflictos armados o que se ven obligados a huir de sus países a causa de la guerra, como las de Siria, Afganistán o Somalia, entre otras.
Menores, conflictos armados y la importancia de la educación en contextos de emergencia

En el mundo hay 60 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares y desplazarse dentro de su país a zonas más seguras, o bien cruzar fronteras rumbo a países en paz. La mitad son menores. De este total de niños y niñas, más de un 36% no tiene acceso a la escuela. Esta proporción es especialmente preocupante en los Estados Árabes, donde alcanza el 87%, como consecuencia, en gran medida, de las graves secuelas que el conflicto sirio está causando en la vida de los niños y niñas del país. De los 4,8 millones de niños sirios en edad escolar, aproximadamente 2,2 millones están sin escolarizar dentro del país.

Además, hay en el mundo 230 millones de niños y niñas que, sin haber abandonado sus hogares, viven en países afectados por conflictos armados. Por ejemplo, más de un millón y medio de niños y niñas en Sudán del Sur, no ha conocido otra realidad que la de las zonas de desplazamiento. Ellos son solo una pequeña parte de los cerca de 17 millones de personas que en África han tenido que abandonar sus hogares por causa de conflictos armados.

Pero no se trata de un fenómeno exclusivo del continente africano. En las provincias fronterizas de Colombia con Ecuador, hay decenas de miles de colombianos y colombianas en condición de refugio o en condiciones de necesidad de protección internacional. Entreculturas junto con el Servicio Jesuita a Refugiados facilita el acceso educativo de estos menores, ya que la escuela es un factor de protección de las niñas y niños, tanto en la dimensión de la escuela como espacio seguro, como alternativa a la calle y les permiten construir sus propias historias de vida, definir sus identidades y hacerlo de manera libre frente a los estereotipos socioculturales y de género.

Para Entreculturas, la educación en contextos de emergencia debe ser una prioridad, algo que no debe ser ni suspendido ni aplazado. Las emergencias –guerras, desplazamientos o desastres naturales- no se desvanecen de la noche a la mañana; afectan a los menores durante años y generaciones enteras se quedan sin educación, es decir, sin futuro ni posibilidades de tener una vida digna. Entreculturas promueve proyectos educativos con personas refugiadas o desplazadas en Líbano, Colombia, Sur Sudán, República Democrática del Congo, Chad, Camerún, Uganda, Zimbawe y Etiopia. La educación en estos contextos, promueve oportunidades de aprendizaje y de recreación, ofrece orden, estabilidad y rutina, espolea las hostilidades existentes y juega un papel fundamental en la promoción de una cultura de paz, fomentando valores de tolerancia, inclusión, convivencia y respeto. Además, la educación no es tan sólo un derecho más, sino que es el promotor de otros derechos.

Objetivos de Desarrollo Sostenible, una nueva oportunidad para generar voluntad y conciencia colectiva

Se suceden estos días los textos que se hacen eco de la aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de la importancia que supone continuar trabajando sobre una agenda común y el itinerario que nos marca a todos y todas (sujetos individuales y sujetos institucionales) para los próximos 15 años. Entre estos textos, muchos nos recuerdan las debilidades de esta agenda que multiplica metas, amplía sus objetivos pero, en cierta forma, se construye sobre el fracaso y la decepción de no haber sido capaces, hasta el momento, de erradicar la pobreza, corregir la desigualdad o construir un modelo económico-social más sostenible.

Una agenda demasiado ambiciosa, metas inalcanzables con el compromiso político actual, indicadores no definidos y difícilmente evaluables, falta de recursos y medidas económicas para su ejecución, falta de concreción de los compromisos de los países del norte con la agenda o debilidad de la propuesta en términos de lucha por la desigualdad y la consecución de sistemas fiscales más redistributivos, son algunos de las valoraciones que hemos encontrado.

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Alumnos de la escuela de Bourj Hammoud (Beirut)

Sin duda, todas ellas son ciertas y debemos mantener una perspectiva crítica que siga empujando la relevancia de la agenda y la concreción de medidas que son necesarias para llevarla a cabo. Unas medidas que implican, en muchos casos, cambios de comportamiento entre los agentes de desarrollo, compromisos políticos, recursos financieros, pero también, la presión de una ciudadanía consciente de los nuevos retos que debemos afrontar.

En este sentido, creemos que más allá del análisis técnico de esta agenda, necesitamos crear una voluntad colectiva que nos ayude a caminar juntos. Lo resumimos aquí en dos ideas que sería importante que calasen en la opinión pública y que invitan a la movilización:

  1. Conseguir esto es casi un milagro, pero por mí que no quede. Lo inalcanzable sólo se alcanza caminando y necesitamos que alguien dé el primer paso para pensar que no estamos solos, sentirnos parte de una causa común y confiar en que podemos conseguirlo. Lo contaba espléndidamente el poeta Antonio Orihuela a través de esta historia: “Un anciano caminaba por una playa de México tras una poco común tormenta de primavera. La playa estaba llena de peces moribundos arrojados por las olas, y el hombre los devolvía uno a uno. Un turista lo vio, se le acercó y le preguntó: ‘¿Qué está haciendo?’ ‘Intento ayudar a estos peces’, dijo el anciano. ‘Pero hay miles de ellos en estas playas, devolver unos pocos no sirve para nada’, protestó el turista. ‘A éste le sirve’, replicó el anciano mientras devolvía un pez al océano.”

Diríamos nosotros, que cada avance le sirve y mucho, a la familia que mejora su nutrición, a las niñas que se han sumado a la escuela, a las madres que han evitado su muerte durante el parto, a los enfermos atendidos de paludismo o a las personas que están recibiendo tratamiento antirretroviral.

  1. Salvar a otros, nos salva también a nosotros. Pero no planteado desde un punto de vista de utilidad propia (como lo están entendiendo muchos gobernantes y países), sino en la consciencia de que somos interdependientes y ecodependientes, como nos recuerda Jorge Riechmann cuando recupera la propuesta ético-política de Franz Hinkelammert: “Yo soy, si tú eres”, sabiendo que ese tú es tanto el otro humano como el otro animal y la naturaleza en su conjunto. “El otro tiene que vivir para que yo pueda vivir. La naturaleza tiene que vivir para que yo, ser natural que soy parte de la naturaleza, pueda vivir”[1].

Para cumplir o al menos abordar esta nueva agenda, necesitamos sentirnos parte de un proyecto común, necesitamos hacer interdependientes los objetivos de esta nueva agenda y, también, necesitamos sentir que de la situación del otro también depende la mía, que ese otro social y natural nos habla a cada uno de nosotros y nosotras de lo que somos y de lo que queremos ser en la vida.

No desaprovechemos esta nueva oportunidad que nos traen los ODS para seguir recordándonos estas dos ideas.

 

 

[1] Franz Hinkelammert: Teología profana y pensamiento crítico (conversaciones con Estela Fernández Nadal y Gustavo David Silnik), CICCUS/ CLACSO, Buenos Aires 2012, p. 74. Recogido por Jorge Riechmann en su blog personal www.tratarde.org

 

Mucho más que un objetivo, la educación es el camino

Desde el 25 de septiembre tenemos ya una nueva agenda mundial de desarrollo que marcará las líneas de actuación para atajar las situaciones de pobreza, desigualdad, injusticia y crisis medioambiental que vivimos en nuestro planeta. Desde Entreculturas, apostamos por la educación como la herramienta clave para abordar esta agenda y lograr alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que se han fijado.

Para nosotros la educación, además de quedar establecida como uno de estos objetivos (el número 4: Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos), es una herramienta fundamental que favorece la reducción de la pobreza, la inclusión social, la mejora de oportunidades profesionales, la participación democrática o la concienciación sobre los problemas que nos afectan.

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Alumnos en Nepal tras el terremoto del pasado abril 

Desde este planteamiento, la educación no puede quedar circunscrita a un objetivo específico, sino que más bien es el camino que debemos transitar para conseguir el resto de objetivos que nos hemos propuesto. Sin duda, no conseguiremos estos objetivos sólo con educación, pero no es menos cierto que sin el acceso a una educación de calidad, inclusiva y equitativa difícilmente podremos conseguir la mayoría de ellos. Recogemos aquí algunos datos que nos ofrece UNESCO[1] además de argumentos que contrastan la importancia de la educación si queremos avanzar en cada uno de estos nuevos 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS):

Objetivo 1. Reducción de la pobreza: Existe una relación directa entre pobreza y educación, que se hace primordial para evitar que situaciones de pobreza crónica se transmitan de generación en generación. Según un estudio realizado en Senegal, se ha comprobado que heredar tierras o una casa, no se traduce en un aumento de la riqueza, sin embargo, aquellos niños cuyos padres habían seguido algún tipo de enseñanza escolar estaban mejor situados para encontrar empleo fuera del ámbito agrícola y, por tanto, para salir de la pobreza.

Objetivo 2. Mejora de la nutrición: Las nefastas consecuencias de la malnutrición infantil pueden evitarse con ayuda de la educación. Por ejemplo, si todas las mujeres de países empobrecidos recibieran educación secundaria, sabrían qué nutrientes necesitan sus hijos y conocerían los hábitos higiénicos que deben seguir y tendrían mayor influencia en el hogar para ofrecerles la atención que precisan.

Objetivo 3. Salud y bienestar: Gracias a la educación, las mujeres pueden reconocer los primeros síntomas de una enfermedad en sus hijos, pedir consejo y actuar para curarla. Si todas las mujeres de los países empobrecidos terminaran la escuela primaria, la mortalidad infantil se reduciría en una sexta parte, con lo que se salvarían casi un millón de vidas al año. La educación puede también evitar muertes maternas, ya que ayuda a las mujeres a reconocer síntomas peligrosos, pedir atención y procurar que asista al parto personal sanitario cualificado. Si todas las mujeres finalizaran la educación primaria, la mortalidad materna se reduciría en dos terceras partes, con lo que se salvarían 189.000 vidas al año.

Objetivo 5. Igualdad de género y empoderamiento de la mujer: Las niñas y las jóvenes que han recibido educación tienen más posibilidades de conocer sus derechos y tener la confianza necesaria para hacerlos valerEn el África Subsahariana y en Asia Meridional y Occidental, cerca de tres millones de niñas contraen matrimonio antes de cumplir los 15 años. Si todas las jóvenes de estas regiones terminaran la educación primaria, el número de matrimonios de niñas se reduciría en cerca de medio millón.

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Alumnas de Fe y Alegría Chad

Objetivos 6 y 7. Sostenibilidad de los recursos hídricos y energéticos: La educación puede contribuir a que se haga un mejor uso de los recursos escasos. En una encuesta por hogares llevada a cabo en 10 países de la OCDE se constató que las personas que tenían un mayor nivel de educación tendían a ahorrar agua.

Objetivos 8 y 9. Crecimiento económico y trabajo decente: La educación da lugar a aumentos de la productividad que impulsan el crecimiento económico. Así, un aumento de un año del nivel de instrucción medio alcanzado por la población de un país se traduce en un incremento del producto interno bruto (PIB) per cápita anual del 2% al 2,5%.

Objetivo 10. Reducción de las desigualdades: Ampliar la educación, garantizando en particular que la mayoría de las personas haya cursado estudios de enseñanza secundaria, es fundamental para lograr una disminución de la desigualdad dentro de los países. En Francia, Malasia o Brasil, por citar tres países de tres continentes distintos, la desigualdad de los ingresos disminuyó un 7% a lo largo de dos decenios a medida que aumentaba la proporción de la población que había recibido educación secundaria.

Objetivos 11 a 15. Protección del medio ambienteCuanto más alto es el nivel de educación, mayores son las probabilidades de que las personas expresen preocupación por el medio ambiente. En 47 países que participaron en la Encuesta Mundial sobre Valores de 2005-2008, las probabilidades de que una persona con educación secundaria expresara preocupación al respecto eran 10 puntos porcentuales mayores que en el caso de una persona que solo tuviera estudios primarios.

Objetivo 16. Sociedades pacíficas, justas e incluyentes: El análisis de encuestas de opinión pública llevadas a cabo en 36 países de África, Asia y América Latina, muestra que la educación guarda relación con una mayor participación en las votaciones, una relación que se estrecha cuanto más bajo es el nivel medio educativo del país. Al mismo tiempo, la educación promueve la participación y el compromiso con la comunidad, especialmente entre las mujeres, además, si es una educación de calidad, beneficia actitudes de tolerancia y comprensión del otro.

Objetivo 17. Alianzas y medios para ejecutar la agenda: Necesitamos sumar voluntades políticas e institucionales que prioricen los objetivos de la agenda, pero también una ciudadanía consciente y reivindicativa de su importancia. La educación para el desarrollo y la ciudadanía global nos parece vital para esta toma de conciencia y reivindicación de recursos que permitan que pueda llevarse a cabo.

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[1] UNESCO (2014), “El Desarrollo Sostenible comienza por la educación. Cómo puede contribuir la educación a los objetivos propuestos para después de 2015”. Disponible en:http://unesdoc.unesco.org/images/0023/002305/230508s.pdf

 

11 DE OCTUBRE: DÍA INTERNACIONAL DE LA NIÑA

“Solía ir a la escuela primaria aquí en Tudun Kose, pero ya soy demasiado mayor y mi familia no tiene suficiente dinero para enviarme a la escuela secundaria, que está muy lejos. También me están preparando para casarme pronto. Hay algunos muchachos que le han preguntado a mi padre si pueden casarse conmigo, pero todavía no hay nada decidido. Cuando veo que otras muchachas van a la escuela, me siento feliz por ellas y las admiro. Un día las seguí hasta la escuela, pero el maestro me dijo que era demasiado mayor y tuve que irme”.

Sakina, 12 años, noroeste de Nigeria

 

Hoy celebramos el Día Internacional de la Niña, este año bajo el lema ‘El poder de las adolescentes: La visión para el 2030’. Desde Entreculturas creemos que la educación de las niñas y las mujeres es un derecho irrenunciable, una cuestión de justicia. Además, está ampliamente demostrado que proporciona numerosos beneficios: Todas las investigaciones señalan que las mujeres que han accedido a más años de educación tienen muchas más oportunidades de tener una vida mejor, más saludable y más libre de violencia.

La educación de niñas y mujeres supone transformar sus vidas e impulsar el desarrollo de las sociedades en las que viven, permitiéndoles salir de la pobreza, reducir la mortalidad infantil y favorecer el crecimiento económico. En África Subsahariana, invertir en educación de las niñas podría impulsar la producción agrícola de la zona en un 25%. La transformación de sus vidas supone una mejora de su salud y de la de sus familias, saber cuáles son sus derechos, tener oportunidad de acceder a un empleo digno y bien remunerado, tener derecho a decidir contraer matrimonio o, cómo y cuándo ser madres. Las niñas que no asisten a la escuela tienen seis veces más de posibilidades de casarse, por lo que la escolarización es un factor clave para el futuro.

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Según datos de UNESCO se estima que 31 millones de niñas en edad de cursar educación primaria y  34 millones de niñas en edad de cursar educación secundaria no van a la escuela, reduciendo sus posibilidades de tener un futuro digno y socavando su potencial para contribuir a la sociedad. En la actualidad, una mujer de Sur Sudán tiene tres veces más posibilidades de morir durante el embarazo que de acabar la escuela primaria. Acabar con estos contrasentidos forma parte de las tareas y desafíos que hay que afrontar.

Las niñas y las mujeres se encuentran con diversos obstáculos para obtener educación: El aumento de la pobreza y el desempleo ha hecho que muchas familias se vean obligadas a reducir su gasto en educación y a retirar a sus hijos, sobre todo a sus hijas, de la escuela. Además, muchos gobiernos recortan la inversión en servicios sociales como una de las medidas para disminuir el gasto público. Por otro lado, el matrimonio precoz de las niñas supone un enorme obstáculo para el progreso de su educación. En muchos países, las niñas son expulsadas de la escuela en caso de embarazo y, en algunos casos, sin opción a retornar tras el nacimiento de su bebé. La decisión de enviar a la niña a la escuela se toma en la familia. Los recursos, el trabajo, y las oportunidades no se reparten por igual entre los miembros de una familia y siempre son las mujeres las que soportan la mayor carga. Las desigualdades más fuertes entre varones y mujeres se dan en las sociedades que confinan a las mujeres al hogar.

Dos tercios de la población adulta analfabeta son mujeres

Las niñas y mujeres también deben afrontar el sexismo en la educación, con valores, normas y acciones concretas de discriminación hacia las mujeres y un trato  profundamente inequitativo entre niños y niñas. La distancia entre la comunidad y la escuela supone que las niñas y jóvenes tengan que caminar, a veces durante horas, por caminos agrestes y solitarios, lo que las expone a abuso o violencia sexual. Por ello, muchos progenitores prefieren que las niñas y jóvenes no vayan a la escuela, sobre todo, cuando alcanzan la pubertad. En situaciones de conflictos armados, las escuelas quedan especialmente en riesgo y los grupos armados toman a las niñas y a las jóvenes como objeto de violencia sexual, intimidación, reclutamiento para el combate o bien para convertirlas en esclavas domésticas o sexuales.

LaLuzdelasNiñasFondo “La LUZ de las NIÑAS” 

En Entreculturas queremos tratar con especial sensibilidad el apoyo a las acciones que mejoren las condiciones de vida de las niñas y adolescentes, y la eliminación o disminución de su sufrimiento en situaciones urgentes o extremas. Con este fondo queremos, además, nombrar, denunciar y sensibilizar sobre las prácticas dañinas tales como: mutilación genital femenina (FGM); crímenes de honor; matrimonios forzosos; dote para contraer matrimonio; prostitución infantil y trata de niñas.

Queremos llegar a las historias concretas de las niñas que, en África y América Latina, ven sus derechos violados y son diariamente y silenciosamente maltratadas por los distintos rostros de la injusticia. Seguiremos sumando luz y condiciones de justicia para estas niñas.

 

¡Ayúdanos a seguir trabajando por la educación de las niñas y las mujeres!

 

 

El poder del cambio está en las niñas

Chad ocupa el cuarto lugar a la cola del Desarrollo Humano en el mundo. Para ocupar este puesto, las estadísticas del país en términos de pobreza, acceso a la salud o agua, por ejemplo, dan muestras de una situación de extrema vulnerabilidad para sus habitantes. Pero además, Chad ocupa el segundo puesto en otro deshonroso ranking mundial, el de los matrimonios infantiles, ya que 7 de cada 10 niñas se casa antes de cumplir los 18 años. En la región de Guéra, donde nació y vive Kadidja, la tasa se eleva a 8 de cada 10.

Kadidja tiene 7 años y probablemente consiga escapar a estas estadísticas y contraer matrimonio más tarde. Su madre Fatimé se ocupará de defender el derecho de su hija a vivir su infancia y adolescencia en plenitud. Ella se casó a los 13 años con un hombre 20 años mayor que ella, en un matrimonio arreglado por la comunidad, como suele ser frecuente. Hasta entonces había vivido una infancia tranquila, iba al colegio, ayudaba en casa… Pero el día que se casó su vida cambió, dejó la escuela y se dedicó completamente a las tareas del hogar.

 

kadidja videoHaz click en la imagen para conocer a Kadidja

Ese mismo año quedó embarazada y el parto fue un calvario de más de 24 horas que terminó con una fístula obstétrica (desgarro de la vagina, vejiga y/o recto durante el parto), la enfermedad más extendida entre las niñas o jóvenes que dan a luz cuando su cuerpo aún no está preparado para ello. Las consecuencias de esta enfermedad provocan en muchas ocasiones la estigmatización de las mujeres que la sufren dentro de sus comunidades. Fatimé contó con el apoyo de su marido y pudo sacar adelante a su pequeña, pero no todas las mujeres tienen esa suerte. Las complicaciones durante el parto en niñas y adolescentes constituyen una de las principales causas de mortalidad entre las jóvenes de 15 a 19 años en África.

Fatimé sabe que la mejor aliada para evitar que su pequeña Kadidja tenga que atravesar el mismo sufrimiento es la escuela. Las niñas que no asisten a la escuela tienen seis veces más de posibilidades de casarse, por lo que la escolarización es un factor clave para el futuro de Kadidja. Además, con sólo 7 años ya es capaz de identificar el impacto positivo de ir a l’école. “Me gusta aprender a leer y me gustan las matemáticas, me gusta encontrarme cada día con mis amigos”. Tiene la suerte de asistir a una de las 26 escuelas de la red de Fe y Alegría en la Región de Guéra, la organización a través de la cual Entreculturas trabaja en Chad. Hablamos de suerte porque su escuela va más allá de la transmisión de conocimientos; es un centro de desarrollo comunitario donde se dará énfasis a una educación integral, participativa y contextualizada, y donde se trabajará por un proyecto común con las familias, para asegurar que los niños, y especialmente las niñas, continuarán sus estudios lo máximo posible.

With funding provided by a grant from the U.S. State Department's Bureau of Population, Refugees and Migration, Jesuit Refugee Service provides secondary education to refugees from the Darfur region of Sudan in Mile refugee camp, about 20 kilometers from Guereda, Chad, March 12, 2015. (Christian Fuchs — Jesuit Refugee Service/USA)

Una profesora da clase en el campo de refugiados de Mile (Chad) / Christian Fuchs (JRS)

Y los límites solo están en nuestra imaginación, eso lo sabe Kadija, que de mayor quiere ser profesora. Desde el año pasado en su escuela se ha incorporado el nivel de preescolar (¡algo único en la región!) y ella ha presenciado fascinada como una madre de su comunidad, gracias a la formación y acompañamiento recibidos, ha transformado el sencillo espacio donde se dan las clases para los más pequeños (con paredes de ramas y techo de paja) en un aula con fichas, dibujos y colores.

Kadidja se esforzará por seguir estudiando y no alimentar las estadísticas del abandono escolar. Si logra atravesar la barrera crucial hasta la secundaria (el abandono es casi del 50%) las posibilidades de mejorar su vida aumentarán exponencialmente. Este verano asistió a un campamento organizado, Fe y Alegría sobre lecto-escritura, para reforzar los conceptos aprendidos durante el año y disminuir las posibilidades de abandono. El Estado anima a Fe y Alegría a continuar esta labor al ver los efectos y potencial, pero no tiene capacidad propia para replicar el trabajo, por lo que por el momento las riendas del cambio están en la propia población, el trabajo asociativo a nivel local como Fe y Alegría, y las organizaciones como Entreculturas que defienden los derechos de las niñas a nivel internacional.

 

 

Objetivo 4: garantizar una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y todas

El fin de semana de 25-27 de septiembre, más de 190 jefes de Estado y de Gobierno se reunieron en la sede de Naciones Unidas de Nueva York para aprobar la nueva Agenda de Desarrollo Global.
En concreto, 17 objetivos y 169 metas que definen una hoja de ruta orientada a luchar contra la pobreza, la desigualdad y el cambio climático durante los próximos 15 años.


Pincha sobre la imagen para conocer en profundidad los Global Goals

Dentro de esos 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el número 4 es el que hace referencia a “garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos y todas”.

Con la ratificación de estos ODS el mundo se ha comprometido a que todas las niñas y niños tengan una enseñanza primaria y secundaria completa, gratuita, equitativa y de calidad que produzca resultados de aprendizajes pertinentes y efectivos.

El año 2015 constituye una oportunidad histórica y sin precedentes para que los países de todo el mundo pongan en marcha nuevas medidas con las que caminar hacia el cumplimiento real de estas metas. Desde Entreculturas seguiremos haciendo incidencia para que los líderes mundiales y nuestro Gobierno cumplan los compromisos en materia de educación universal y avancen de aquí a 2030 hacia un mundo en el que todos los niños y niñas tengan acceso a una educación de calidad.

Para ello queremos seguir contando contigo.

¿Están los gobiernos del mundo a la altura de la juventud global?

La juventud mundial ha cambiado: las generaciones del siglo XXI  se sienten más ciudadanía global que sus mayores. Una encuesta realizada en 2011 a jóvenes de 25 países muestra como el 81% elige “humanidad” como el factor colectivo que más contribuye a su identidad, por encima de la nacionalidad (70%), la etnia (53%) o la religión (43%). Además de esta identificación con una comunidad universal, son conscientes de las relaciones de interdependencia entre los distintos países, y confían más que las generaciones anteriores en las instituciones internacionales.
Tenemos una juventud mayoritariamente generosa, optimista y comprometida. En contra de algunos estereotipos, más o menos extendidos, no son indiferentes a lo que sucede a su alrededor: por encima de su desafección hacia las instituciones políticas tradicionales, creen que merece la pena contribuir a la felicidad de otras personas y  combatir la injusticia, al tiempo que confían en que la sociedad puede cambiar a través de sus propias decisiones y acciones.

Jovenes
Un claro ejemplo de ello son los chicos y chicas de la Red Solidaria de Jóvenes de Entreculturas, que han optado por tomar el mundo en sus manos poniéndolas al servicio de la justicia, de los derechos humanos y de la paz. Durante el curso pasado, recogieron  firmas para pedir al gobierno español que defienda la educación como prioridad en la nueva Agenda de Desarrollo post 2015.  El pasado 8 de septiembre las entregaron en el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación: querían hacer valer la voz de la ciudadanía en  la Cumbre de Naciones Unidas, que se celebra en Nueva York y donde se aprueban los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Parece que  la juventud está preparada para liderar el  cambio hacia una nueva manera de hacer política global. ¿Están a su altura los gobiernos del mundo?


Ocho días de gasto militar para financiar toda la educación

    “Las mujeres siempre tenían que pastear ovejas. Mi mamá no tiene la educación primaria y apenas sabía escribir su nombre. Mis padres decían: ¿Para qué vamos a hacer estudiar a las mujeres? Yo entendí entonces que debía ser así y salí contenta a pastear ovejas al año siguiente”

    Elvira Noa Quispe, Quispicanchi, Perú

Como Elvira, todavía hoy, 124 millones de niños, niñas y adolescentes están sin escolarizar en el mundo. De estos, 59 millones de niños y niñas no acuden a la escuela primaria y 65 millones de adolescentes no están matriculados en el primer ciclo de secundaria. Pero lo más grave es que, tal y como denuncia UNESCO, estas cifras van en aumento. Hoy hay dos millones más de niños, niñas y adolescentes sin escolarizar que en 2011, cuando esta cifra era de 122 millones.
En el año 2000, los líderes mundiales se comprometieron a que, en 2015, todos los niños y niñas en el mundo acudieran a la escuela, pero la realidad es muy diferente. En 2000 se adoptaron los Objetivos de Educación para Todos y Todas, que consagraban el derecho a una educación de calidad para todas las personas y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), dos de ellos referidos a educación. La fecha de cumplimiento ha llegado y, aunque se han registrado avances, aún nos quedan numerosos retos por afrontar.

2015 es un año histórico: la comunidad internacional se ha reunido o reunirá en diversas ocasiones para dilucidar las nuevas agendas de Educación y de Desarrollo Global que marcarán la nueva hoja de ruta para los próximos quince años. De hecho, los días 25, 26 y 27 de septiembre se reunirá la comunidad internacional en Nueva York para la suscripción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En Nueva York, como antes en el mes de mayo, en el Foro Mundial por la Educación celebrado en Corea, se va a optar por un único objetivo de educación, integral y común para los próximos años: “Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

 

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Pero para que esto se haga realidad hay que hacer esfuerzos, sobre todo en la mejora de las políticas públicas nacionales de todos los países, haciendo hincapié en la equidad y en la calidad. Los Estados deben contar con planes de educación, sólidos y equitativos, en los que se preste también atención a la educación infantil y a la alfabetización de personas adultas, así como a la inclusión de niños, niñas y jóvenes pertenecientes a grupos y colectivos desfavorecidos. La calidad en la educación debe ser también objeto de atención, con docentes en número suficiente, adecuadamente formados, motivados y remunerados. También hay que contar con una financiación adecuada.  Los países deberán invertir el 6% de su PIB en educación,  pero, además, la ayuda oficial al desarrollo de los países donantes- en declive desde 2010- debe incrementarse sustancialmente. Tal y como señala UNESCO, serán necesarios 39.000 millones de dólares anuales para cubrir el déficit de financiación externa de la educación universal pre-primaria, primaria y secundaria en los países de ingresos bajos y medios. Y, aunque pueda parecer una cantidad exorbitante, no es más que el gasto militar mundial de ocho días.

Una de las novedades fundamentales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es su universalidad. Esto plantea un doble reto para España, quien deberá cumplir el objetivo educativo dentro de sus fronteras y contribuir al cumplimiento de los de otros países en su faceta de donante. Las propuestas que hacemos para el ámbito nacional se centran en: la consecución de un compromiso por la educación, con unos acuerdos que permitan consensuar un sistema educativo sólido y estable, sobre la base de una concepción humanista de los fines de la educación; aumentar la inversión en educación hasta alcanzar el 6% del PIB (España invierte el 4,31 %, según los últimos datos oficiales, por debajo de la media europea del 5,25%). Asimismo, afrontar acuciantes problemas de nuestro sistema educativo, como la alta tasa de abandono escolar-la más alta de la Unión europea, cercana al 22%-  y avanzar hacia políticas equitativas que compensen las desigualdades de partida y permitan corregir las asimetrías sociales y económicas.

Además, urge  que España vuelva a ser un donante relevante en el contexto global, por lo que deberá aumentar la Ayuda oficial al desarrollo general- cifrada en un insignificante 0.21% para 2016- y en educación básica; situar la educación en el centro de la cooperación al desarrollo, tal y como exige la ciudadanía, y fomentar la construcción de una ciudadanía implicada en promover un mundo más justo y solidario.

Ha llegado el momento de asegurar que el derecho a la educación sea una realidad para los 124 millones de niñas, niños y adolescentes del mundo que se encuentran sin escolarizar. No podemos desaprovechar la oportunidad que nos brinda 2015. Hay  que hacer efectivo el compromiso político y social para hacer realidad el derecho a una educación de calidad para todos y todas.


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